31 de marzo de 1492: Expulsión de los judíos de España

Hace 530 años se promulgaba el Edicto de Granada, que  firmado por los Reyes Católicos en la Alhambra,  decretaba la expulsión de las y los judíos de la Corona de Castilla y Aragón. Según el texto, el pueblo judío tenía hasta finales del mes de julio de 1492 para abandonar los territorios de las coronas de Castilla y de Aragón. Los Reyes Católicos seguían el ejemplo de otras potencias europeas que habían expulsado a los judíos, como Inglaterra en 1209 o Francia en 1306.

Como consecuencia, miles de judíos tuvieron que elegir entre la conversión o la muerte –  “converso” eran los judíos que se habían bautizado y a sus descendientes – pero las conversiones suscitaron gran recelo por el ascenso social de los nuevos cristianos, y muchos ellos fueron acusados de judaizar en secreto, lo que permitió instauración de la Inquisición en 1478. 

La diáspora sefardí

Ante la persecución, más de cien mil judíos se dispersaron por el norte de África, Países Bajos, Italia, Imperio otomano y , con el tiempo,  llegaron a las nuevas tierras: América, territorio en el que, durante los primeros años de ocupación y conquista, no se establecía la inquisición. 

De acuerdo al sitio Memoria Chilena: “… Esta aparente tranquilidad solo duró hasta 1528 cuando, uno de los conquistadores de México, Hernando de Alonso, fue quemado en la hoguera junto a otros judíos en el primer “auto de fe” celebrado por la Inquisición en América. En 1570, llegó a Lima el inquisidor Serván de Cerezuela y al año siguiente se estableció la Inquisición en México. En estas circunstancias la costa de Venezuela se transformó en el camino más expedito utilizado por los “portugueses” para ingresar al nuevo continente. No obstante, en 1610, se estableció un tribunal de la Inquisición en Cartagena de Indias lo cual obligó a los judíos a buscar nuevas rutas. Una de éstas se dirigió por el Atlántico hacia el sur lo que implicó que, desde principios del siglo XVII, se estableciera un importante núcleo de “marranos” en Buenos Aires, el que se irradió al resto del cono sur.

Entre los primeros conquistadores de Chile también llegaron descendientes de judíos entre los que destacaron Diego García de Cáceres, Francisco de Gudiel, Pedro de Omepezoa, Alonso Álvarez, Juan Serrano Pedro de Salcedo y el teniente general de la expedición de Diego de Almagro, Rodrigo de Oroño. Sin embargo, uno de los casos más notables en la historia de los judíos en Chile y América lo constituyó la trágica y heroica figura del cirujano penquista Francisco Maldonado de Silva”. 

Efectivamente, Francisco Maldonado de Silva destaca por su trágica historia; fue cristiano hasta los 18 años cuando su padre Diego de Silva lo introdujo al judaísmo.  En 1626, su hermana, Isabel Maldonado, obligada por su confesor,  denuncia a Francisco como judío; como consecuencia, la Inquisición secuestra los bienes de Maldonado y lo encarcela en una celda del convento de Santo Domingo de Concepción. Un año más tarde, y luego de frecuentes interrogatorios y sufrimientos, Maldonado es trasladado a las cárceles secretas de la Inquisición en Lima. En su primera audiencia desafía al tribunal declarando “yo soy judío, señor, y profeso la ley de Moisés y por ella he de vivir y morir”. Es acusado formalmente el 5 de octubre de 1627, y durante el juicio desfilaron los teólogos más eminentes de Lima para demostrar a Maldonado que estaba en un error, pero él se enfrascó en interminables disputas teológicas. El 26 de enero de 1633 fue condenado a “relajar justicia y brazo seglar y confiscación de bienes”.

Estuvo encarcelado doce años más, hasta que  el 23 de enero de 1639 fue condenado a muerte, según relata Günter Böhm en su libro “Historia de los Judíos en Chile”, al momento de morir, Francisco Maldonado de Silva se encontraba   “flaco, encanecido, con la barba larga y los libros que había escrito atados al cuello, mientras era conducido a la hoguera el viento rompió el telón del tablado y él viendo esto exclamó: esto lo ha dispuesto así el Dios de Israel para verme cara a cara desde el cielo”.

Recién el año 2015 se restituye de la deuda histórica de España con el pueblo judío, con la promulgación de la “Ley 12/2015, de 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España”, los judíos descendientes de los expulsados en 1492 tienen la posibilidad de que se les reconozca su origen español. 

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