Natalicio de Gabriela Mistral

Nuestro homenaje en los 133  años del natalicio de la gran poeta, intelectual y educadora Gabriela Mistral.

En el epistolario y obra de la poeta se puede ver reflejado la estrecha amistad y relación con el pueblo judío. Gabriela Mistral  fue una de las pocas intelectuales latinoamericanas de su época que alzó la voz contra el sufrimiento de los judíos antes y durante la Segunda Guerra Mundial, no solo como poeta, sino que también desde su faceta de política y diplomática  abogó por los judíos en Europa y se planteó fuertemente contra el fascismo, esta postura la llevó a renunciar a su cargo de consul en Nápoles. En 1934 publica “Recado sobre los judíos”, que aborda el problema judío de la época, con una postura clara contra la persecución de los judíos en Europa.

Al morir  la poetisa, la comunidad judía chilena acordó plantar un bosque en su memoria en las montañas de judea, esto se concreto en  1963 con la presencia las autoridades de la época: el Embajador de Chile en Israel Eugenio Palacios, el Presidente de la Federation Sionista de Chile Miguel Maldavsky, el Presidente del Directorio Mundial del KKL Jacob Tsur; en el acto  se dió lectura a un mensaje de la Ministra de Relaciones Exteriores Golda Meir. Fue la misma Meir la que, tiempo después, entregó  a la Universidad Hebrea de Jerusalén una hermosa escultura de la artista chilena Laura Rodriguez, que reproduce la mano de Gabriela. Israel ha correspondido al amor que Gabriela Mistral siempre manifestó por su pueblo en su vida y poesía.

Reproducimos acá el hermoso poema que escribió al pueblo hebreo.

Al pueblo hebreo

Gabriela Mistral

Raza judía, carne de dolores,

raza judía, río de amargura:

como los cielos y la tierra, dura

y crece aún tu selva de clamores.

 

Nunca han dejado orearse tus heridas;

nunca han dejado que a sombrear te tienda

para estrujar y renovar tu venda,

más que ninguna rosa enrojecida.

 

Con tus gemidos se ha arrullado el mundo.

Y juego con las hebras de tu llanto.

Los surcos de tu rostro, que amo tanto,

son cual llagas de sierra de profundos.

 

Temblando mecen su hijo las mujeres,

temblando siega el hombre su gavilla.

En tu soñar se hincó la pesadilla

y tu palabra es sólo el ¡»miserere»!

 

Raza judía, y aún te resta pecho

y voz de miel, para alabar tus lares,

y decir el Cantar de los Cantares

con lengua, y labio, y corazón deshechos.

 

En tu mujer camina aún María.

Sobre tu rostro va el perfil de Cristo;

por las laderas de Sión le han visto

llamarte en vano, cuando muere el día…

 

Que tu dolor en Dimas le miraba

y Él dijo a Dimas la palabra inmensa

y para ungir sus pies busca la trenza

de Magdalena ¡y la halla ensangrentada!

 

¡Raza judía, carne de dolores,

raza judía, río de amargura:

como los cielos y la tierra, dura

y crece tu ancha selva de clamores!

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