Gracias a Max Frankenberg por su generosa donación.

“Vine al mundo en los locos años veinte, que se distinguían por su desenfado y liviandad. Era el  tiempo en que Europa se recuperaba de la Primera Guerra  Mundial. Se incubaban oscuras fuerzas  que anhelaban una revancha…” Así comienza la increíble y hermosa autobiografía de  Max Frankenberg, que recientemente donó  al Archivo Judío de Chile.

Max y su familia fueron testigos directos de la Alemania de los años veinte y treinta, y sufrió la discriminación y persecución en pleno auge del nazismo. 

Max entró al Liceo en 1932, un año antes de la ascensión de Hitler, vivió  Kristallnacht,  la Gestapo arrestó a su padre y lo confinó en el campo de concentración de Dachau. Para liberarlo, su madre consiguió una visa para Argentina, pero en medio de los preparativos del viaje el país trasandino anunció el cierre de las fronteras para la inmigración judía, la familia desesperada, después de muchos intentos,  consigue visa al fin del mundo: Chile;  viajan el 17 de Junio de 1939,  dos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, justo a tiempo para salvar sus vidas,  casi todos los  compañeros judíos de Max en el  liceo fueron deportados a Minsk en  Bielorrusia y asesinados. 

Si bien su llegada a Chile no fue fácil, la familia se instaló en Valparaíso y siguieron con sus vidas,  Max terminó el colegio, estudió en la  Escuela Técnica de Agricultura y fue un miembro activo de distintas organizaciones de la comunidad judía; pero el mundo y la aventura llamaban a Max,  y prontamente emprendió  viaje a Israel, allí se integró a un Kibutz y  fundó otro.  Fue en un viaje de visita familiar a Chile cuando conoció a su esposa Rita,  se casaron en la sinagoga de la calle Portugal y formó familia, instalándose definitivamente en nuestro país. 

La vida de Max Frankenberg mantiene siempre una constante: apoyar a la Comunidad Judía en Chile, fue miembro del Comité representativo de la Colectividad Israelita, y durante varios períodos pro tesorero de la Bnai Brith.

Hoy, en el  2020 ya tiene  94 años, vive rodeado de su familia y terminó esta apasionante autobiografía que con generosidad donó al Archivo Judío de Chile. 

Agradecemos enormemente la invaluable donación de Max   Frankenberg y su familia, autobiografía que retrata la vida y costumbres judías en Alemania, Israel y Chile,  historias conmovedoras y emocionantes, que reflejan  al  Max que muchos conocemos: valiente, aventurero, sabio,  un ser humano entrañable.

Empresa familiar, fundada en  1929 su abuela Ema Hermann y su padre  Max Frankenberg, destruida por la barbarie Nazi en 1938.

Pasaporte de Max Frankenerg

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