Un acercamiento al fenómeno de la muerte

En el calendario gregoriano, el 1° de noviembre es la conmemoración de difuntos. Cientos de personas se aglomerarán llevando flores para visitar a sus seres queridos que ya partieron. Incluso, en algunas culturas como la mexicana, eso constituye un verdadero festival de gran importancia.

Las diversas culturas han rodeado al fenómenos de la muerte de misterios, ritos y palabras. El judaísmo, en cambio, ve a la muerte como parte esencial del proceso de la vida.

El texto bíblico enseña que el hombre fue creado de imagen y semejanza de Dios a la que puso enseñorear sobre su creación, lo que indica que Dios creó al hombre a propósito y con un propósito, con una misión en la vida. Siendo de este modo, la muerte no debería ser el fin de todo, sino la continuación de ese plan previsto por Dios… ¿o el principio, quizás?

En una conferencia, años atrás, dictada por el rabino Efraim Dines, dijo que la vida es como andar en Metro: cada pasajero se baja en la estación que le corresponde.  El Metro es la vida, la estación en la que cada viajero desciende  corresponde al final de su camino en la tierra. Esa estación  es entendida por algunas personas como el término de todo, pero para otros, en cambio, significa la partida hacia una    vida    más allá de ésta en el que la existencia estará determinada por su comportamiento aquí, en este mundo.

Un Midrash talmúdico señala ʺTres socios hay en el hombre. El Santo Bendito Sea, su padre y su madre. Su padre siembra la materia blanca de la cual se forman los huesos, las venas….Su madre siembra la materia roja de la cual se forman la piel, la carne….El Santo Bendito Sea pone en él aliento y espíritu, los rasgos faciales, la capacidad de ver, oír, hablar, movilizarse, entender y comprender. Una vez que llega el momento en el que se debe abandonar el mundo, el Santo Bendito Sea toma su parte, y la parte de su padre y de su madre deposita delante de ellosʺ.  Es decir, el espíritu vital vuelve a Dios, el cuerpo queda. Entendemos entonces que la muerte es “el abandono que hace el alma del cuerpo, la pérdida de ese aliento vital que Dios insuflara… y el cuerpo devendrá inexorablemente en polvo, porque…  Ki afar atá, polvo eres…. Cuando se vuelve al polvo, ¿termina todo allí o ese momento marca el inicio de una vida más allá de ésta? ¿Es el alma inmortal? ¿Habrá resurrección de los muertos? ¿Algún día nos iremos a encontrar con nuestros seres queridos? ¿Quién lo sabe?

La muerte es una realidad natural, tan real y normal como el nacer y el  crecer, la madurez y la vejez. La muerte es la única certeza y por ser lo único seguro, un autor señala que debería dejarse toda connotación filosófica acerca de lo que hay más allá de la muerte a quien realmente compete, a Dios, y nosotros deberíamos dedicarnos a vivir el aquí y ahora de acuerdo a las normas prescritas en la Torá, la “enseñanza de vida” que fuera entregada en el Sinai.

Texto: Ana María Tapia-Adler, Presidenta Fundación para la Preservación de la Memoria del Judaísmo Chileno.

Fotografía: Alexander Savchuk en pexels.com

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